Iba a escribir
algo ayer, 2 de abril, pero no quería ser redundante respecto a los
sentimientos que despierta esa fecha en cada uno de nosotros. Fue un feriado
que tuvo alto acatamiento en Lobos, ya que la mayoría de los comercios estaban
cerrados. Hoy ya es jueves y todo parece indicar que se retomará la actividad
pueblerina con el ritmo habitual. Ayer no tuve mucho para hacer, excepto cubrir
el acto por el Día del Veterano. Hubo un gran acompañamiento de los vecinos, y
es gratificante ver cómo año tras año hay cada vez más gente presenciando este
homenaje.
Estamos viviendo
tiempos complejos, con un gobierno que sólo parece preocuparse por las
variables económicas y que se muestra ausente o contradictorio hacia otros
frentes. Uno de ellos es el reclamo de soberanía por Malvinas, que se hace con
una tibieza desconcertante cuando debería ser una política de Estado. Se me
ocurre pensar que esta gente llegó al poder sin la menor formación estratégica,
sin una visión clara de lo que implica conducir un país. Pero en todo caso,
deberían asesorarse con personas capacitadas, no kamikazes ungidos del círculo
rojo. El Banco Central, que Milei tanto decía aborrecer, sigue vendiendo
reservas y quemando dólares para sostener el precio de la divisa. Una vieja
receta que se continúa implementando con tímidos resultados en el corto plazo.
Cabe hacer esa salvedad porque está claro que no son medidas que apunten a un
sostenimiento real de la economía. Desde la Rosada están pensando en llegar
como sea a las elecciones de octubre, y lo que uno ve es la ausencia de un
plan, porque la motosierra no merece llamarse así, es sólo un proceso de ajuste
que aún se sigue aplicando en los resortes del Estado que quedaron en pie.
EE.UU. aplica
aranceles a productos extranjeros, entre ellos los argentinos, y el comercio
exterior está cada vez más restringido y dominado por las grandes potencias. Se
van cerrando las puertas a las exportaciones y muchas industrias tendrán que
compensar ese déficit de alguna manera. No se vislumbra que esa reconversión
sea posible, hay muchos cabos sueltos y una turbulencia que hace volar por los
aires los papeles de la ortodoxia económica.
Hoy tuve un día
intenso, en el cual me dediqué a hacer algunas cobranzas que habían quedado
pendientes y a organizar mis finanzas para el resto del mes. No será tarea
fácil, dado que los precios siguen aumentando, sobre todo el transporte, el
combustible y las tarifas de los servicios. Y los ingresos que uno percibe son
siempre los mismos, más allá de algún pequeño ajuste que se pueda hacer para
actualizar el valor de las publicidades. A veces me cansa tener que ir dos o
tres veces a un negocio para cobrar dos monedas, no entiendo por qué te lo
hacen tan difícil, estamos hablando de sumas que para un local promedio no representan
un gran desembolso. Si yo cobrara lo que realmente necesito para poder sostener
con mayor solidez mi emprendimiento, la cosa sería distinta. Es arduo llegar a fin de mes con una reserva de dinero que te garantice estabilidad.
Están los clientes históricos y cumplidores, y aquellos que pautan por un
período limitado de meses. Con los primeros uno es más contemplativo, porque
siempre han estado como auspiciantes, en cambio los otros son aves de paso.
El espacio de
televisión es más caro que el de Internet, y por ese motivo estoy tratando de
“vender” mi programa de TV para ir abriendo el juego a nuevos sponsors. Yo creo
que un ciclo de entrevistas que hace 6 años que está en el aire tiene potencial
para explotarse más. La producción es fundamental: Soy yo quien me encargo de
invitar a la gente que participa, a veces de coordinar horarios, y eso es lo
más desgastante, no el hecho de conducir el programa. Quienes lo han visto
alguna vez en la pantalla suelen ponderar que se le otorgue espacio a vecinos que no suelen
ser noticia: Es una forma de visibilizar sus historias de vida. Confío en que
hacer un curso de Marketing me ayude a darle mayor volumen a mi producto. En
realidad, es un producto y un servicio. Yo brindo servicios publicitarios y de
información, y lo hago a través de un sitio Web. Es decir, hay una herramienta
que yo utilizo para que mi Pyme pueda sostenerse. Sea como fuere, ser un
trabajador autónomo es mucho mejor que hacerlo en relación de dependencia. Ambas modalidades tienen sus pros y sus contra, pero yo ya conozco ambos roles. Ahora trabajo
solo, hace unos cuantos años también lo he hecho bajo patrón, y siempre había
una exigencia desmedida si lo comparamos con el sueldo que yo recibía. Además,
tener un trabajo en blanco en Lobos es un lujo; la mayoría de los empleadores
te negrean y cuando llega la edad de jubilarte te encontrás con que no tenés
aportes. Con el monotributo que pago todos los meses, yo tengo acceso a una
obra social y a los aportes jubilatorios. Seguramente cuando llegue ese momento
cobraré la mínima, pero no puedo detenerme a pensar en eso ahora porque no me
sirve de nada, es una pérdida de tiempo. Todo lo que pueda hacer siendo
trabajador activo va relacionado con lo que recibiré en mi vejez, si es que
llego a esa edad. El futuro no es previsible. Se pueden adoptar medidas para
mitigar un impacto negativo, pero no hay certezas de nada, y menos en un país
como el nuestro.
El futuro no se
piensa, sino que se proyecta. No hay lugar para una planificación minuciosa,
sino que es una página en blanco sobre la cual vamos construyendo el día a día.
Largo plazo o corto plazo, lo mismo da. En teoría, es más sencillo prever lo
que puede pasar mañana, que dentro de 10 o 15 años. El azar, la fatalidad, los
vericuetos del destino, hacen que nos resistamos a analizar los hechos que
permanecen ocultos bajo una extensa línea temporal. Y está bien, porque si
vamos al caso, yo concentro mi esfuerzo en lo que estoy haciendo ahora, y lo
que vendrá será por añadidura o bien porque se dio así. Siempre doy el mismo
ejemplo, pero cuando yo era adolescente, jamás pensé en cómo sería el año 2025,
y no me imaginaba en absoluto que iba a existir la Inteligencia Artificial, el
auge del streaming, las redes sociales, los celulares. Todo cambió, incluso sin
que hayamos hecho algo para evitarlo. El mundo de nuestros hijos o nietos será
distinto, no podemos predecir sin margen de error, pero habrá un auge de la
robótica, de las máquinas, se afianzará la tendencia que estamos viendo ahora
de efectuar cirugías a distancia. Esos son, para mí, indicios de lo que vendrá.
Mucho más no se puede predecir. Pero es un tema tan apasionante que daría para
escribir largo y tendido. Nos estamos viendo pronto. Punto final.